Basada en la canción del mismo
nombre de Silvio Rodríguez
No me imaginé nunca que una simple mirada podía lograr tantas cosas. El momento, el clima, las horas y todo hizo que nuestro primer encuentro fuera perfecto y casual. Creo que ahí cuando mire tus ojos todo cambio en mí, el silencio se apodero de mí y luego el aire hizo lo mismo contigo.
Ese día el mar sonaba de una forma hermosa, habíamos llegado tres días antes. Todos lo verano ibamos donde mismo, la misma gente, el mismo puesto en la playa, la misma rutina. Despiertas, comes, vas a la playa, luego te bañas y te arreglas como si el mundo se fuera acabar y esa noche fuera la última para celebrar, luego todos con sus panoramas. Uno con dieciocho años y solo con su familia en la playa, la entretención no abunda. Solo robaba un cigarro a mi padre mientras él estaba en la ducha. Esperaba que todos se durmieran o se perdieran en juegos de mesa que tanto me aburrían y me escapaba a caminar hasta altas horas de la madrugada a la orilla de la playa, luego de un rato me sentaba en una roca y miraba el mar. Cuando el frio se apoderaba de mi, regresaba. Nunca nadie se entero o si lo hicieron nunca me lo dijeron o preguntaron.
Fue en una de esas salidas, lo recuerdo bien un día martes 4 de febrero, hice tal cual como todos los días mi rutina. Todos se durmieron temprano y no costo nada salir. La playa estaba más hermosa que nunca, luego de un rato apareciste. Tu pelo largo sobre ese chaleco que me daba una sensación de calor cuando estaba cerca de él. Te mire, un segundo después me encontraste con tus ojos, en ese instante un ángel paso entre nosotros y el silencio que luego se trasformaría en amor, tomo lugar en esa playa. No oía ni el sonido de las olas, ni las aves marinas que de noche salen a cazar. Solo estabas tú, ahí sentada en el lugar que a mí me pertenecía. Mi timidez se desvaneció, recuerdo que hablamos durante horas y quedamos que al otro día en el mismo lugar no encontraríamos. Esas horas, se me hicieron eterna solo quería y necesitaba ver de nuevo esa margarita que se te formaba en la mejilla izquierda. El momento llego, recuerdo que no te encontraba y mi corazón se desvanecía por estar contigo, cada latido era un segundo sin ti. Apareciste, me sonreíste y otra vez el ángel se apodero de esa playa. Era mi momento perfecto, mi verano perfecto.
Cada noche durante el mes que estuvimos juntos. Nos perdíamos en esa playa, que la sentíamos nuestra. Cuando me besaste por primera vez, porque tú fuiste la que me besaste. Yo era un chico tímido, alto, de anteojos y un estilo un tanto fuera de lo normal. Tú, eras una sirena que acababa de aparecer en mi vida. Luego de un mes, luego de que cada noche sin fallarnos nos encontrábamos en aquella playa, me entregue a ti igual que tu a mí, la luna ilumino nuestra primera vez como si lo astros tuvieran todo preparado. Recuerdo ese momento, tan torpe pero tan hermoso. Eran sensaciones inconclusas que se apoderaban de mi cuerpo y se mezclaban con un placer primerizo. Tu boca hizo estallar mi corazón, salió de su escondite y voló a juntarse con el ángel que nos unió un mes ante en el mismo lugar donde nos jurábamos amor con nuestros cuerpos desnudos y helados pero vivos, vivos de amor.
Fue la única y primera vez que me enamore. El día de mi partida me dijiste que nos veríamos y así fue, ya aquí en Santiago nada cambio. Eras la misma, tú mismo susurro al despedirte y al apartar tu cabeza de mi oído esa sonrisa juguetona que me hacía sentir que estaba vivo, que nacía y moría en el mismo momento. Cada segundo contigo era el mejor, pero sin duda lo que más me gustaba de ti, era tu silencio. El silencio de tu boca irreal que se dibujaba con el cerrar de tus labios y transformaba mi vida en un vacio. Solos, junto con el ángel que nos enamoro en esa playa una noche de verano. Lo que no me gustaba de ti era que no tenias error, eras la perfección, mi perfección que no dejaría ir por nada del mundo, sentía que si te ibas nada sería igual todo se desmoronaría, era tan fuerte el sentimiento que todo tus intentos de advertencia eran inútiles.
Ya aquí en Santiago luego de meses de estar juntos, me miraste y me dijiste que ya no más.
Los días eran la tortura de una nueva vida, debía construir lo que tú destruiste cuando recién empezaba a soñar con un futuro lejano. Ese momento no dije nada, deje que tú hablaras. No me avisaste, solo lo hiciste. Así fue como perdí el corazón por los ojos, el llanto que lo guarde durante tanto tiempo, quiso conocer el mundo. Mojo tierra y viento, pensó en juntarse con los acaudalados ríos. No tenia explicación solo preguntas que me obligaba a responder con un adiós casi intacto. Como lo dejaste tú.
Pienso que los días han logrado que todo cambiara, ya no sufro como antes, solo que mi mente te piensa, hablo de ese Ángel que un día nos silencio en la playa y que cada día cuando te miraba a los ojos me susurraba al oído ese silencio que nos tomábamos como propio.
Creo que me amaste, no lo dudo. No estoy seguro si tanto como yo a ti, eso lo dudo. Los ángeles del amor son tan feroces e incapaces de lograr algo concreto, uno en un millón logra la meta que tenia dispuesta. Me pregunto si el ángel de aquella playa es el mismo ángel de aquella vez que le diste rienda suelta a mis lágrimas. Nadie me a podido responder.
Tuve momento lindos, quizás los más hermosos contigo. No me arrepiento de nada, solo de no haber sido lo suficientemente bueno y fuerte para preguntarte días después las razones verdaderas de este final. Me enamore de ti, te entregue mi alma y mi vida, la tomaste tuya, la hiciste tuya. La apreciaste pero luego nada importo, fuiste un tanto egoísta pero todo te perdono.
Me queda aparte de este dolor inmenso dentro del pecho, quiere salir pero algo la detiene. El ángel del final me hablo de ti, dijo que ya no regresarías, que las cosas seguirían iguales, que lo mejor era esperar que otro ángel se fijara en mi. No sé si eso ocurrirá, solo me aferro a la esperanza que esto acabara. Nunca fui dependiente de nadie, solo de tu maldita margarita de la mejilla izquierda. Ni un llamado, ni un rastro de ti.
Volví a esa playa, me senté en el lugar donde hicimos el amor, espere noche tras noche, lo único que oí fue el silencio, no sé si era el ángel o si eras tú susurrando en mi mente que te olvidara de una vez.
martes, 18 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Travesuras del Colibrí
Era un lugar un tanto alegado, no de la ciudad sino de las emociones, ahí iban a olvidar lo que aun no lo lograban y era un refugio para amante primerizos que se dejaban llevar por el sonido de la noche.
No tenía nada especial, un prado de arboles que se dejan amar por la naturaleza. Eucaliptus altos que con el viento provocaban un sonido que sumergía el ambiente en una paz y tranquilidad similar a la que encuentras en tus sueños.
Tomaron el auto y por referencia de uno amigo Iván y José se dirigieron al prado que todo el mundo llamaba El colibrí. El camino, eran curvas interminables con casas a ambos costados de una piedra única y jamás vista. Por momentos debían bordear un acantilado que su alma se perdía en el. Miraban el rio abajo como arrastraba todo lo que ya no queremos. Ellos se conocían hace años, luego de terminar ambos Pedagogía en Música en la Universidad Católica ambos se dieron cuenta que no podían vivir sin el otro, era ya un año y medio de relación, fueron sus únicos y primeros hombres. Luego de detenerse a orinar en el camino y llegaron a El colibrí, estaba vacío ya casi anochecía y veían como el sol tímido se escondía intentando que la luna no se diera cuenta que el estuvo ahí. Decidieron amarse en los asientos de ese Nissan v16 heredado del padre de Iván como tantas veces antes lo habían hecho.
Luego de que anocheció y ambos se sintieron satisfechos decidieron regresar. Eran las mimas curvas y pendientes pero esta vez ambos las veían diferentes, más felices, el camino se les hizo nada, llegaron al metro José se bajo y se despidió de manos de Iván como ya su rutina lo tenía establecido. Iván llego a su casa, saludo a su esposa y decidió sentarse a fumar un cigarrillo, no sabía si lo que hacía estaba bien o mal solo disfrutaba del cigarrillo.
No tenía nada especial, un prado de arboles que se dejan amar por la naturaleza. Eucaliptus altos que con el viento provocaban un sonido que sumergía el ambiente en una paz y tranquilidad similar a la que encuentras en tus sueños.
Tomaron el auto y por referencia de uno amigo Iván y José se dirigieron al prado que todo el mundo llamaba El colibrí. El camino, eran curvas interminables con casas a ambos costados de una piedra única y jamás vista. Por momentos debían bordear un acantilado que su alma se perdía en el. Miraban el rio abajo como arrastraba todo lo que ya no queremos. Ellos se conocían hace años, luego de terminar ambos Pedagogía en Música en la Universidad Católica ambos se dieron cuenta que no podían vivir sin el otro, era ya un año y medio de relación, fueron sus únicos y primeros hombres. Luego de detenerse a orinar en el camino y llegaron a El colibrí, estaba vacío ya casi anochecía y veían como el sol tímido se escondía intentando que la luna no se diera cuenta que el estuvo ahí. Decidieron amarse en los asientos de ese Nissan v16 heredado del padre de Iván como tantas veces antes lo habían hecho.
Luego de que anocheció y ambos se sintieron satisfechos decidieron regresar. Eran las mimas curvas y pendientes pero esta vez ambos las veían diferentes, más felices, el camino se les hizo nada, llegaron al metro José se bajo y se despidió de manos de Iván como ya su rutina lo tenía establecido. Iván llego a su casa, saludo a su esposa y decidió sentarse a fumar un cigarrillo, no sabía si lo que hacía estaba bien o mal solo disfrutaba del cigarrillo.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Los regalos del olvido
La calle era un tanto angosta y los baldosines provocaban que sus tacos se doblaran. Llevaba un abrigo café largo y debajo, un vestido un tanto provocativo. Su pelo estaba suelto y mojado, la lluvia ya habí¬a echo su trabajo. Luego de un par de minutos caminando, empezó a aumentar la velocidad, querí¬a llegar pronto. Pasó bajo el balcón de la casa que estaba ubicada en la esquina, y vé que de el caí¬a un chorro de agua y siguió apurando su paso. Llegó a la entrada de su casa, busco las llaves en su pequeño sobre, por suerte las encontró en seguida, luego de entrar se quitó el abrigo y preguntó por Antonio, el le contestó a lo lejos y ella corría descalza a cobijarse en sus brazos.
-Qué raro que llueva en esta fecha- Inés gritó desde el baño.
-Mira las noticias el Clima esta como un huracán-le dijo Antonio desde el dormitorio
Luego ambos se acostaron junto al otro, él se quitó los anteojos de reposo y ella se embetunó la cara con sus cremas que todas las noches la esperaban como sus fieles amantes. Enseguida, ambos apagaron las luces de sus veladores y comenzaron a dormir.
La pareja desperto con un sonido, los dos habían pedido libre ese día para pasar juntos su aniversario número dos. Luego de unos minutos que quizás fueron horas y después se trasformarían en años, el sonido se detuvo. Miró el reloj ya era tarde, ambos se metieron a la ducha e hicieron el amor. Se secaron y se vistieron, él le preparó el café. Inés se demoró, y si no fuera por el grito de Antonio llamando desde la cocina se hubiera demorado aún más. Le bastó mirar treinta segundos mientras que Antonio ya había reaccionado, buscó sus cosas y tomó la cartera de ella. Cerraron su casa y se perdieron entre las calles húmedas y un tanto polvorientas.
El televisor seguía prendido, ellos siguieron andando. Desaparecieron pero por su propia voluntad y no en manos de otros. Eso fue lo que a los nietos les contaron cuando por fin luego de algunos años volvieron a aparecer. El café de Inés se desvanecía, también como se descompuso la caja de chocolates que Antonio le había comprado, esos con licor que a ella tanto le gustan .El regalo de ella era un banderín de che guevara, años después se lo entregó cuando ya era seguro.
-Qué raro que llueva en esta fecha- Inés gritó desde el baño.
-Mira las noticias el Clima esta como un huracán-le dijo Antonio desde el dormitorio
Luego ambos se acostaron junto al otro, él se quitó los anteojos de reposo y ella se embetunó la cara con sus cremas que todas las noches la esperaban como sus fieles amantes. Enseguida, ambos apagaron las luces de sus veladores y comenzaron a dormir.
La pareja desperto con un sonido, los dos habían pedido libre ese día para pasar juntos su aniversario número dos. Luego de unos minutos que quizás fueron horas y después se trasformarían en años, el sonido se detuvo. Miró el reloj ya era tarde, ambos se metieron a la ducha e hicieron el amor. Se secaron y se vistieron, él le preparó el café. Inés se demoró, y si no fuera por el grito de Antonio llamando desde la cocina se hubiera demorado aún más. Le bastó mirar treinta segundos mientras que Antonio ya había reaccionado, buscó sus cosas y tomó la cartera de ella. Cerraron su casa y se perdieron entre las calles húmedas y un tanto polvorientas.
El televisor seguía prendido, ellos siguieron andando. Desaparecieron pero por su propia voluntad y no en manos de otros. Eso fue lo que a los nietos les contaron cuando por fin luego de algunos años volvieron a aparecer. El café de Inés se desvanecía, también como se descompuso la caja de chocolates que Antonio le había comprado, esos con licor que a ella tanto le gustan .El regalo de ella era un banderín de che guevara, años después se lo entregó cuando ya era seguro.
viernes, 8 de octubre de 2010
Realidad

Mi vida pasa rápido, a veces pierda la noción del tiempo quiero escuchar los sonidos pero ya se han ido. Quiero detenerme a observar las nubes pero el viento las borro. Voy caminando junto a ella y ya caigo en sus brazos. Me levanto de la cama y vuelvo acostarme, cierro los ojos y en un segundo se abren. Quiero detener el tiempo, imaginar que todo anda bien, que todo esta bien y que no es solo una fantasía, que no es solo un destello de felicidad.
Siempre he odiado el tiempo por eso creo que esta vez el se venga de mi con su cara sin expresión pasa sin dejar rastros o tal vez si los deja pero son tan mínimos que mi vista no lo percibe.
Los días se me hacen segundos, pero los segundos se trasforman en una eternidad. Miro el reloj y caen tan despacio los minutos, uno tras otro se pierden para en otro lugar crear la misma sensación.
Creo que me detendré un segundo si estas ahí me veras sino habrá sido demasiado tarde.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Sensaciones inconclusas

Vienen mil preguntas a mi mente. Quiero encontrar las respuestas, pero me ciego, me ciegas.Imagino un camino con árboles grandes y deshojados a los contados de este y al final el tiempo esperando ser vivido. Imaginando que si todo es real, el tiempo sería un estorbo que avanzaría sin piedad. Pero si todo fuera la ficción, sería el tiempo el encargado de borrarte y lo amaría con delirio incoherente.
Se siguen acumulas las preguntas, una incertidumbre capaz de volverme loco. Ideas que van pero luego se desmoronan lentamente. No quiero creer. No voy a creer. Es inevitable, para mi las sensaciones recordarlas una y otra vez. Como una película,volver a aquella escena, el recuerdo pero se va disolviendo como la arena con el viento. Es la sensación que desaparece en el horizonte pero luego vuelve al estomago a volverlo loco. No quiero volverme loco, solo quiero vivir mi locura.
Seguir por aquel camino es andar vendado sin saber que encontrare. La mayor opción es dejarse llevar pero sabiendo cuales seran las consecuencias.
Espero impaciente el segundo que sigue a este que acaba de superar al que paso, tiempo espero que seas lo que espero y anhelo porque o sino todo habra sido en vano. La vida en vano, el recorrido en vano, el silencio en vano. Todo en vano, quiero arriesgarme o solo pienso que lo quiero porque se que es la unica opción que tengo, nolose el tiempo lo sabra. Tiempo siempre problematico te culpan de todo lo que no sucede cuando lo quieres tú. Dejare que el tiempo me guie por el sendero que me toca recorrer, pero lo hare vendado, si no lo logre Tú tiempo hermoso seras el culpable.
domingo, 25 de julio de 2010
Pensamientos dirigidos a un intruso

Sontantaslascosasquevienenamimenteeldeseodeolvidaryvolveraempezarestanfacilperoeltiempoagravaladificultadpensaressentirloquequieresimaginarvolemosolvidemosaquelloquieroperdermeentiquieroquemehagassentirquesintinadavalgoesaeslaverdadsintinadavalgomedaslasfuerzasparadesperartedaseltiempodeperdonarmeconcadaunodemispequeñoserroresereslaperfeccionerestaninalcanzableperosientoquesiempreestarasahipaseloquepaseodiomidependenciahaciatiperoestangrandeelamorqueborratodoytehacespecialyunica.
Habitante
Suena el reloj, ya son veinte para las cuatro. Mis ojos se cierran, quieren descasar pero el temor a verte en sueños hace que mi desvelo sea un placer.
No me digas que andas en mi mente perdida sin rumbo. Se que soy yo quien te guia por mis sueños. Ya no te busco, ya habitas ahí.
No me digas que andas en mi mente perdida sin rumbo. Se que soy yo quien te guia por mis sueños. Ya no te busco, ya habitas ahí.
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